Con base en los cambios sociales y políticos que se han venido presentando luego de la caída del muro de Berlín y del desmonte del bloque soviético, se ha podido percibir un auge en la economía mundial que se caracteriza por la implementación de modelos económicos neoliberales, la eliminación de fronteras y la creación de alianzas supranacionales –como el caso de la unión europea- que reemplazan el modelo tradicional de estado-nación tanto política como económicamente, para dar paso a un bloque de naciones que se rigen bajo una misma directriz en estos aspectos.

Así mismo los avances tecnológicos desarrollados en las últimas décadas han permitido acceder de manera inmediata y eficaz a diversas fuentes de información; con los adelantos en materia de telecomunicaciones y de transporte se ha permitido abolir distancias y desmontar fronteras dando paso a un aspecto esencial de la globalización como lo es la proximidad espacial. Por este concepto podemos entender la “sensación de acortamiento de las distancias debido a una reducción drástica del tiempo empleado en recorrerlas, tanto física (por ejemplo, en avión) como simbólicamente (por la transmisión electrónica de información e imágenes)”[1].

Bajo la metáfora de la “aldea global” se pretende representar un mundo en el cual se establecen intercambios culturales, económicos, políticos y sociales, en una dinámica que se asemeja más a la de una economía local que a la de una macroeconomía a nivel mundial; con esto lo que se busca es desmontar barreras que obstaculicen dichos intercambios y que por el contrario se de paso al libre acceso a modelos y productos de otras naciones, aunque si bien la globalización se ha enfocado en un aspecto netamente económico, es importante resaltar que este fenómeno se extiende a diversos escenarios como el arte, las relaciones humanas o la identidad cultural.

Aunque la implantación de modelos de globalización genera reacciones encontradas, la tendencia mundial se dirige solidamente hacia la aceptación de este fenómeno y de sus implicaciones. Cada vez se hace más común, especialmente en América Latina, la firma de tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio. La firma de estos tratados se ha evidenciado en la conformación de grupos como el Mercosur o la Comunidad Andina de Naciones, en los cuales a través de la reducción de impuestos arancelarios se ha pretendido incrementar los intercambios comerciales entre países vecinos buscando aumentar el ingreso per cápita y el Producto Interno Bruto (PIB). Bien podríamos decir que estos tratados aunque han traído beneficios para nuestra nación, no han sido lo suficientemente eficaces como para generar un impacto económico visible y de tales proporciones como para garantizar un aumento periódico en la economía nacional, que se vea reflejado en mejores condiciones de vida para los habitantes y trabajadores, y mayores beneficios para los empresarios.

Es por tales motivos que en la búsqueda de las mejoras económicas, se ha pretendido abrir nuevos espacios y buscar aliados quizá con mayor solidez y peso en el ámbito internacional, aliados que nos garanticen un desarrollo más claro y visible tanto a corto como a largo plazo. Pero, ¿realmente la solución a la problemática económica colombiana está en la búsqueda de socios, o en la firma de tratados de libre comercio, o será más bien que es necesario echar un vistazo al trasfondo de la realidad interna en Colombia?

En éste momento la respuesta a este cuestionamiento seguramente nadie la tiene y parece ser que no en poco se tiempo se sabrá a ciencia cierta cual es la estrategia económica que deberá poner en práctica el país para salir de la crisis en la que se encuentra inmerso, lo cierto es que en la actualidad la balanza se inclina hacia la primera opción que se planteaba en el interrogante, sin saber con certeza que tantos beneficios pueda acarrear una decisión de tales magnitudes.

En esa búsqueda de aliados, Colombia ha encontrado el que tal vez se puede considerar el más viable y poderoso, lo cual se evidenció el pasado 27 de febrero, con la firma en Washington, tras veintidós meses de arduas negociaciones, del tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos; a pesar de los detractores y de las reacciones que la decisión ha suscitado tanto a nivel nacional como internacional, prácticamente la firma del tratado y su entrada en vigencia son ya un hecho, debido a la reelección como presidente del doctor Álvaro Uribe Vélez, para un periodo de cuatro años más. Durante este nuevo gobierno a cargo de Uribe, los Colombianos podemos esperar la firma de otros posibles tratados, ya que al contar el presidente con el respaldo notorio del pueblo y con un apoyo prácticamente incondicional de la mayoría del congreso y del Senado, el presidente posiblemente buscará ampliar su política de libre comercio y de búsqueda de nuevos lazos fraternales y comerciales.

Esto sólo es posible con la firma de otros acuerdos como los que podemos ya escuchar en diferentes medios de comunicación, tratados que ya se adelantan con países de Centroamérica como lo son Honduras, Guatemala y El Salvador y con los cuales se esperaría complementar los efectos positivos del ya mencionado TLC, ¿será que con esto se busca tal vez que los empresarios y campesinos que no se vieron del todo favorecidos con las negociaciones en Washington, puedan fortalecerse y no perder terreno ni nivel de competitividad?, ¿o será más bien que con estos tratados quedarán fortalecidos de una vez por todas los exportadores colombianos?.

Lo que podemos esperar los colombianos es que con las firmas de estos posibles tratados, no se vean afectadas las relaciones con otros países, pues vale la pena que recordemos que con la firma del TLC con los Estados Unidos, la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) no se hizo esperar, y aunque si bien Estados Unidos es un país mucho más poderoso, Venezuela es un país más cercano y es un gran aliado comercial. Por lo tanto aunque muchos ganen con la firma del tratado con el país del tío Sam, otros a la vez se verán afectados por la decisión del polémico presidente Chávez, ya que al perder beneficios arancelarios con Venezuela, los exportadores verán disminuir las ganancias generadas por sus productos.

Además, cabe resaltar que la mayor parte de países latinoamericanos presentan en la actualidad una tendencia hacia ideales de izquierda, lo cual podría crear un ambiente de hostilidad de esos países hacia Colombia, pues la entrada en vigencia del tratado puede no ser vista con buenos ojos en muchos países.

Así, con la firme intención de ingresar al tal vez mercado más grande y sólido del mundo, el gobierno colombiano, encabezado por un comité negociador y por varios de los ministros, firmó un tratado de libre comercio que beneficia en gran medida al pueblo colombiano en palabras del Ministro de Comercio, Industria y Turismo Jorge Humberto Botero, el cual añadió: “Hemos sellado un acuerdo determinante que abre claras oportunidades de desarrollo y crecimiento para el futuro del país. Hemos logrado un TLC que impulsa y salvaguarda los intereses de Colombia. Este tratado es pieza fundamental para nuestro desarrollo económico. Dado el acceso a nuevos mercados que traerá el TLC, este Tratado es una oportunidad de crecimiento para muchos sectores claves de la economía”[2]

Teniendo en cuenta lo anterior, vale la pena cuestionarnos acerca de los beneficios y de las desventajas que puede traer éste tratado para los intereses nacionales. Entonces ¿es realmente el TLC el paso fundamental para mejorar nuestra economía, disminuir la pobreza y acceder a mercados mucho más competitivos?

Para resolver dicho interrogante debemos primero exponer los fundamentos de este tratado, sus implicaciones y ventajas o desventajas que puede representar para los diversos sectores que componen la economía colombiana.

El TLC nació como una alternativa al fallido intento de establecer un área de libre comercio en la totalidad de América (ALCA), por lo cual el gobierno de los Estados Unidos optó por firmar pequeños tratados por separado con cada país, o con los países interesados. Hasta éste momento los norteamericanos han firmado tratados con Perú, Chile, Centroamérica y más recientemente Colombia; otros países como Argentina, Venezuela o Bolivia han manifestado su rechazo a este tipo de convenios por considerarlos nocivos para sus economías.

Lo cierto es que el tratado con Colombia ya se firmó, y aunque no haya entrado en vigencia –pues falta la aprobación del congreso de ambos países y de la corte constitucional colombiana- se puede dar por hecho que nuestro país entrará en una nueva etapa de relaciones comerciales, en parte gracias a los estrechos vínculos entre los dos gobiernos. Cabe resaltar que como dijo el jefe del equipo negociador por Colombia del TLC, Hernando José Gómez –en rueda de prensa sobre el TLC en Washington-[3] nuestro país es el segundo comprador de productos estadounidenses en América Latina, por lo tanto Estados Unidos es un proveedor vital para el país y Colombia se beneficiará en mayor medida cuando se desmonten los aranceles a las importaciones.

Ahora bien, Colombia se abrirá a un espectro de posibilidades mucho mayor en materia de exportaciones, esperando que estas crezcan un 14.4% en los primeros tres años según predicciones del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; así se pretende generar una gran cantidad de empleos, con lo cual el presidente de la república espera reducir el porcentaje de desempleo a una cifra de un digito, reduciendo de éste modo el índice de pobreza y aumentando el crecimiento de la economía.

Lo cierto es que, independiente de las desventajas que pueda representar la competencia en el plano comercial con Estados Unidos, el gobierno colombiano ha creado estrategias para proteger a los sectores menos beneficiados con el pacto, como es el caso de Agro Ingreso Seguro, programa que busca salvaguardar los intereses de los productores de maíz, arroz y del sector avícola principalmente, frente a los elevados subsidios que el gobierno estadounidense da a sus productores. Lo que se espera con éste programa es el desmonte gradual de aranceles a las exportaciones norteamericanas en un plazo de 19 años para el arroz y de 18 años para los avicultores, creando una protección que se verá complementada con el aporte de subsidios por parte del gobierno nacional a los productores colombianos, de igual forma se pretende hacer una revisión en los siete primeros años con el propósito de evaluar el impacto en estos sectores, resta esperar que para ese entonces el impacto no haya sido nefasto, pues aunque se podrán realizar modificaciones al acuerdo arancelario, en un lapso de siete años el impacto producido por las importaciones puede ser letal para los pequeños cultivadores criollos.

La otra cara de la moneda la viven sectores como el de los textiles, el azucarero (biocombustibles) o el panelero, así como las PYMES, para quienes se esperan incrementos en la producción y por lo tanto en los ingresos. Por ejemplo, el sector azucarero espera un incremento del 176% en sus exportaciones según informes ministeriales, para lo cual en cifras más exactas, el ministro de agricultura dijo que se espera aumentar la exportación de 25.000 a 75.000 toneladas anuales, palabras dichas ante la comisión segunda del senado en debate televisado por el canal institucional el 25 de abril de 2006.

Dentro de la intervención del ministro se mencionó que se espera que los textileros se vean beneficiados con el desmonte de aranceles a las importaciones de materia prima, que los derivados lácteos como el queso y la mantequilla se exporten en mayor cantidad y que la exportación de carne prácticamente se duplique en unos años, la expectativa entonces se centra en esperar los dividendos que obtendrán los productores, pues todo parece indicar que se verán bastante bien remunerados sus esfuerzos.

En el mismo debate, el ministro Arias mencionó que en Colombia se consumen aproximadamente 3.5 millones de toneladas de maíz al año y que tan sólo se producen 1.5 millones, para lo cual con la entrada en vigencia del TLC se espera que ingrese el faltante de la producción, salvaguardando la producción nacional, es decir, aunque podrán ingresar toneladas de maíz a bajo costo al país, se dará prioridad a la compra del producto nacional, con lo cual se espera que se vean beneficiados tanto los productores de maíz como los avicultores, quienes podrán comprar alimento para sus aves a un menor costo.

Claro esta, que aunque los avicultores comprarán maíz a menor precio, se verán afectados por la importación de cuartos traseros de pollo provenientes de Estados Unidos, debido al mínimo consumo de estas partes por parte de los norteamericanos. De igual forma ya que en ese país las gallinas no son apetecidas para el consumo como carne, sino que son utilizadas para la producción masiva de huevos, se espera que el mercado colombiano se vea inundado por gallinas estadounidenses que luego de cumplir su ciclo como ponedoras, han de venir a ser parte de nuestro menú diario. El ministro Arias ha dicho que al igual que con los arroceros y los productores de maíz, en un principio se establecerá un arancel que para el caso será del 164.4% durante los primeros cinco años, con lo cual se espera impedir importaciones masivas aunque pasado este tiempo se empiece a hacer un desmonte gradual[4].

Ya en este punto podemos darnos cuenta que el TLC, no sólo influirá en las grandes instancias comerciales, como lo son los textiles, la avicultura, la floricultura y otros, sino que también tendrá incidencia en negocios de menor envergadura, desde pequeñas empresas familiares, hasta restaurantes de cadena y por que no, pequeños negocios de barrio que como en el caso de las gallinas podrán comprar a muy bajo costo los productos que ofrecen luego del desmonte gradual de los aranceles, planeado para proteger a los menos favorecidos en estas instancias iniciales.

Tal parece, como se dijo con anterioridad, que el TLC es prácticamente un hecho y si bien aún no es posible dar una respuesta certera a la cuestión fundamental de si es el TLC beneficioso o perjudicial para Colombia, lo que si es claro es que estamos abriendo puertas a nuestra economía y llevando a Colombia a incursionar en nuevos mercados con el fin principal de mejorar la calidad de vida de todos los colombianos. Es claro que todos estamos a la espera de ver que influencia tiene para el país el implantar este modelo económico, lo cierto es que en la actualidad el país no estaría en condiciones de soportar un descalabro económico. Por eso es necesario estar atentos en la implantación definitiva del tratado, que se ha visto empañado por pequeñas inconsistencias en cuanto a la traducción de los textos, pues si bien se llego a acuerdos en las reuniones de Washington, los textos de los negociadores norteamericanos difieren en gran medida de los textos dados a conocer por los negociadores colombianos.

El llamado a Colombia es a ser competitivos, a tener una mentalidad que sobrepase las limitaciones que se nos han impuesto, o que nos hemos impuesto por el simple hecho de pertenecer aun país del tercer mundo. No es posible seguir pensando como subdesarrollados, es necesario trascender las fronteras del conformismo, y aprovechar los espacios que el mundo moderno nos brinda. El camino hacia el futuro está abierto, solo nos resta esperar que las decisiones de nuestros mandatarios hayan sido las correctas y que por el bien del país en unos años no nos lamentemos, sino que por el contrario podamos gozar de los beneficios que nos ofrece el TLC.




[1] Tomlinson, J., Globalización y cultura. Oxford University Press. México: 2003. pg 3.

[2] Rueda de prensa del ministro Jorge Botero. Colombia cerró negociaciones del TLC con Estados Unidos. Recuperado el día 20 de abril de 2006 en http: //www.presidencia.gov.co/index.htm

[3] Ibid.

[4] Ministro Andrés Felipe Arias. Debate comisión VII del senado de la república. Televisado el día 25 de abril de 2006 en el canal Institucional.