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La Coctelera

El TLC: un resultado de la globalización en Colombia

Con base en los cambios sociales y políticos que se han venido presentando luego de la caída del muro de Berlín y del desmonte del bloque soviético, se ha podido percibir un auge en la economía mundial que se caracteriza por la implementación de modelos económicos neoliberales, la eliminación de fronteras y la creación de alianzas supranacionales –como el caso de la unión europea- que reemplazan el modelo tradicional de estado-nación tanto política como económicamente, para dar paso a un bloque de naciones que se rigen bajo una misma directriz en estos aspectos.

Así mismo los avances tecnológicos desarrollados en las últimas décadas han permitido acceder de manera inmediata y eficaz a diversas fuentes de información; con los adelantos en materia de telecomunicaciones y de transporte se ha permitido abolir distancias y desmontar fronteras dando paso a un aspecto esencial de la globalización como lo es la proximidad espacial. Por este concepto podemos entender la “sensación de acortamiento de las distancias debido a una reducción drástica del tiempo empleado en recorrerlas, tanto física (por ejemplo, en avión) como simbólicamente (por la transmisión electrónica de información e imágenes)”[1].

Bajo la metáfora de la “aldea global” se pretende representar un mundo en el cual se establecen intercambios culturales, económicos, políticos y sociales, en una dinámica que se asemeja más a la de una economía local que a la de una macroeconomía a nivel mundial; con esto lo que se busca es desmontar barreras que obstaculicen dichos intercambios y que por el contrario se de paso al libre acceso a modelos y productos de otras naciones, aunque si bien la globalización se ha enfocado en un aspecto netamente económico, es importante resaltar que este fenómeno se extiende a diversos escenarios como el arte, las relaciones humanas o la identidad cultural.

Aunque la implantación de modelos de globalización genera reacciones encontradas, la tendencia mundial se dirige solidamente hacia la aceptación de este fenómeno y de sus implicaciones. Cada vez se hace más común, especialmente en América Latina, la firma de tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio. La firma de estos tratados se ha evidenciado en la conformación de grupos como el Mercosur o la Comunidad Andina de Naciones, en los cuales a través de la reducción de impuestos arancelarios se ha pretendido incrementar los intercambios comerciales entre países vecinos buscando aumentar el ingreso per cápita y el Producto Interno Bruto (PIB). Bien podríamos decir que estos tratados aunque han traído beneficios para nuestra nación, no han sido lo suficientemente eficaces como para generar un impacto económico visible y de tales proporciones como para garantizar un aumento periódico en la economía nacional, que se vea reflejado en mejores condiciones de vida para los habitantes y trabajadores, y mayores beneficios para los empresarios.

Es por tales motivos que en la búsqueda de las mejoras económicas, se ha pretendido abrir nuevos espacios y buscar aliados quizá con mayor solidez y peso en el ámbito internacional, aliados que nos garanticen un desarrollo más claro y visible tanto a corto como a largo plazo. Pero, ¿realmente la solución a la problemática económica colombiana está en la búsqueda de socios, o en la firma de tratados de libre comercio, o será más bien que es necesario echar un vistazo al trasfondo de la realidad interna en Colombia?

En éste momento la respuesta a este cuestionamiento seguramente nadie la tiene y parece ser que no en poco se tiempo se sabrá a ciencia cierta cual es la estrategia económica que deberá poner en práctica el país para salir de la crisis en la que se encuentra inmerso, lo cierto es que en la actualidad la balanza se inclina hacia la primera opción que se planteaba en el interrogante, sin saber con certeza que tantos beneficios pueda acarrear una decisión de tales magnitudes.

En esa búsqueda de aliados, Colombia ha encontrado el que tal vez se puede considerar el más viable y poderoso, lo cual se evidenció el pasado 27 de febrero, con la firma en Washington, tras veintidós meses de arduas negociaciones, del tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos; a pesar de los detractores y de las reacciones que la decisión ha suscitado tanto a nivel nacional como internacional, prácticamente la firma del tratado y su entrada en vigencia son ya un hecho, debido a la reelección como presidente del doctor Álvaro Uribe Vélez, para un periodo de cuatro años más. Durante este nuevo gobierno a cargo de Uribe, los Colombianos podemos esperar la firma de otros posibles tratados, ya que al contar el presidente con el respaldo notorio del pueblo y con un apoyo prácticamente incondicional de la mayoría del congreso y del Senado, el presidente posiblemente buscará ampliar su política de libre comercio y de búsqueda de nuevos lazos fraternales y comerciales.

Esto sólo es posible con la firma de otros acuerdos como los que podemos ya escuchar en diferentes medios de comunicación, tratados que ya se adelantan con países de Centroamérica como lo son Honduras, Guatemala y El Salvador y con los cuales se esperaría complementar los efectos positivos del ya mencionado TLC, ¿será que con esto se busca tal vez que los empresarios y campesinos que no se vieron del todo favorecidos con las negociaciones en Washington, puedan fortalecerse y no perder terreno ni nivel de competitividad?, ¿o será más bien que con estos tratados quedarán fortalecidos de una vez por todas los exportadores colombianos?.

Lo que podemos esperar los colombianos es que con las firmas de estos posibles tratados, no se vean afectadas las relaciones con otros países, pues vale la pena que recordemos que con la firma del TLC con los Estados Unidos, la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) no se hizo esperar, y aunque si bien Estados Unidos es un país mucho más poderoso, Venezuela es un país más cercano y es un gran aliado comercial. Por lo tanto aunque muchos ganen con la firma del tratado con el país del tío Sam, otros a la vez se verán afectados por la decisión del polémico presidente Chávez, ya que al perder beneficios arancelarios con Venezuela, los exportadores verán disminuir las ganancias generadas por sus productos.

Además, cabe resaltar que la mayor parte de países latinoamericanos presentan en la actualidad una tendencia hacia ideales de izquierda, lo cual podría crear un ambiente de hostilidad de esos países hacia Colombia, pues la entrada en vigencia del tratado puede no ser vista con buenos ojos en muchos países.

Así, con la firme intención de ingresar al tal vez mercado más grande y sólido del mundo, el gobierno colombiano, encabezado por un comité negociador y por varios de los ministros, firmó un tratado de libre comercio que beneficia en gran medida al pueblo colombiano en palabras del Ministro de Comercio, Industria y Turismo Jorge Humberto Botero, el cual añadió: “Hemos sellado un acuerdo determinante que abre claras oportunidades de desarrollo y crecimiento para el futuro del país. Hemos logrado un TLC que impulsa y salvaguarda los intereses de Colombia. Este tratado es pieza fundamental para nuestro desarrollo económico. Dado el acceso a nuevos mercados que traerá el TLC, este Tratado es una oportunidad de crecimiento para muchos sectores claves de la economía”[2]

Teniendo en cuenta lo anterior, vale la pena cuestionarnos acerca de los beneficios y de las desventajas que puede traer éste tratado para los intereses nacionales. Entonces ¿es realmente el TLC el paso fundamental para mejorar nuestra economía, disminuir la pobreza y acceder a mercados mucho más competitivos?

Para resolver dicho interrogante debemos primero exponer los fundamentos de este tratado, sus implicaciones y ventajas o desventajas que puede representar para los diversos sectores que componen la economía colombiana.

El TLC nació como una alternativa al fallido intento de establecer un área de libre comercio en la totalidad de América (ALCA), por lo cual el gobierno de los Estados Unidos optó por firmar pequeños tratados por separado con cada país, o con los países interesados. Hasta éste momento los norteamericanos han firmado tratados con Perú, Chile, Centroamérica y más recientemente Colombia; otros países como Argentina, Venezuela o Bolivia han manifestado su rechazo a este tipo de convenios por considerarlos nocivos para sus economías.

Lo cierto es que el tratado con Colombia ya se firmó, y aunque no haya entrado en vigencia –pues falta la aprobación del congreso de ambos países y de la corte constitucional colombiana- se puede dar por hecho que nuestro país entrará en una nueva etapa de relaciones comerciales, en parte gracias a los estrechos vínculos entre los dos gobiernos. Cabe resaltar que como dijo el jefe del equipo negociador por Colombia del TLC, Hernando José Gómez –en rueda de prensa sobre el TLC en Washington-[3] nuestro país es el segundo comprador de productos estadounidenses en América Latina, por lo tanto Estados Unidos es un proveedor vital para el país y Colombia se beneficiará en mayor medida cuando se desmonten los aranceles a las importaciones.

Ahora bien, Colombia se abrirá a un espectro de posibilidades mucho mayor en materia de exportaciones, esperando que estas crezcan un 14.4% en los primeros tres años según predicciones del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; así se pretende generar una gran cantidad de empleos, con lo cual el presidente de la república espera reducir el porcentaje de desempleo a una cifra de un digito, reduciendo de éste modo el índice de pobreza y aumentando el crecimiento de la economía.

Lo cierto es que, independiente de las desventajas que pueda representar la competencia en el plano comercial con Estados Unidos, el gobierno colombiano ha creado estrategias para proteger a los sectores menos beneficiados con el pacto, como es el caso de Agro Ingreso Seguro, programa que busca salvaguardar los intereses de los productores de maíz, arroz y del sector avícola principalmente, frente a los elevados subsidios que el gobierno estadounidense da a sus productores. Lo que se espera con éste programa es el desmonte gradual de aranceles a las exportaciones norteamericanas en un plazo de 19 años para el arroz y de 18 años para los avicultores, creando una protección que se verá complementada con el aporte de subsidios por parte del gobierno nacional a los productores colombianos, de igual forma se pretende hacer una revisión en los siete primeros años con el propósito de evaluar el impacto en estos sectores, resta esperar que para ese entonces el impacto no haya sido nefasto, pues aunque se podrán realizar modificaciones al acuerdo arancelario, en un lapso de siete años el impacto producido por las importaciones puede ser letal para los pequeños cultivadores criollos.

La otra cara de la moneda la viven sectores como el de los textiles, el azucarero (biocombustibles) o el panelero, así como las PYMES, para quienes se esperan incrementos en la producción y por lo tanto en los ingresos. Por ejemplo, el sector azucarero espera un incremento del 176% en sus exportaciones según informes ministeriales, para lo cual en cifras más exactas, el ministro de agricultura dijo que se espera aumentar la exportación de 25.000 a 75.000 toneladas anuales, palabras dichas ante la comisión segunda del senado en debate televisado por el canal institucional el 25 de abril de 2006.

Dentro de la intervención del ministro se mencionó que se espera que los textileros se vean beneficiados con el desmonte de aranceles a las importaciones de materia prima, que los derivados lácteos como el queso y la mantequilla se exporten en mayor cantidad y que la exportación de carne prácticamente se duplique en unos años, la expectativa entonces se centra en esperar los dividendos que obtendrán los productores, pues todo parece indicar que se verán bastante bien remunerados sus esfuerzos.

En el mismo debate, el ministro Arias mencionó que en Colombia se consumen aproximadamente 3.5 millones de toneladas de maíz al año y que tan sólo se producen 1.5 millones, para lo cual con la entrada en vigencia del TLC se espera que ingrese el faltante de la producción, salvaguardando la producción nacional, es decir, aunque podrán ingresar toneladas de maíz a bajo costo al país, se dará prioridad a la compra del producto nacional, con lo cual se espera que se vean beneficiados tanto los productores de maíz como los avicultores, quienes podrán comprar alimento para sus aves a un menor costo.

Claro esta, que aunque los avicultores comprarán maíz a menor precio, se verán afectados por la importación de cuartos traseros de pollo provenientes de Estados Unidos, debido al mínimo consumo de estas partes por parte de los norteamericanos. De igual forma ya que en ese país las gallinas no son apetecidas para el consumo como carne, sino que son utilizadas para la producción masiva de huevos, se espera que el mercado colombiano se vea inundado por gallinas estadounidenses que luego de cumplir su ciclo como ponedoras, han de venir a ser parte de nuestro menú diario. El ministro Arias ha dicho que al igual que con los arroceros y los productores de maíz, en un principio se establecerá un arancel que para el caso será del 164.4% durante los primeros cinco años, con lo cual se espera impedir importaciones masivas aunque pasado este tiempo se empiece a hacer un desmonte gradual[4].

Ya en este punto podemos darnos cuenta que el TLC, no sólo influirá en las grandes instancias comerciales, como lo son los textiles, la avicultura, la floricultura y otros, sino que también tendrá incidencia en negocios de menor envergadura, desde pequeñas empresas familiares, hasta restaurantes de cadena y por que no, pequeños negocios de barrio que como en el caso de las gallinas podrán comprar a muy bajo costo los productos que ofrecen luego del desmonte gradual de los aranceles, planeado para proteger a los menos favorecidos en estas instancias iniciales.

Tal parece, como se dijo con anterioridad, que el TLC es prácticamente un hecho y si bien aún no es posible dar una respuesta certera a la cuestión fundamental de si es el TLC beneficioso o perjudicial para Colombia, lo que si es claro es que estamos abriendo puertas a nuestra economía y llevando a Colombia a incursionar en nuevos mercados con el fin principal de mejorar la calidad de vida de todos los colombianos. Es claro que todos estamos a la espera de ver que influencia tiene para el país el implantar este modelo económico, lo cierto es que en la actualidad el país no estaría en condiciones de soportar un descalabro económico. Por eso es necesario estar atentos en la implantación definitiva del tratado, que se ha visto empañado por pequeñas inconsistencias en cuanto a la traducción de los textos, pues si bien se llego a acuerdos en las reuniones de Washington, los textos de los negociadores norteamericanos difieren en gran medida de los textos dados a conocer por los negociadores colombianos.

El llamado a Colombia es a ser competitivos, a tener una mentalidad que sobrepase las limitaciones que se nos han impuesto, o que nos hemos impuesto por el simple hecho de pertenecer aun país del tercer mundo. No es posible seguir pensando como subdesarrollados, es necesario trascender las fronteras del conformismo, y aprovechar los espacios que el mundo moderno nos brinda. El camino hacia el futuro está abierto, solo nos resta esperar que las decisiones de nuestros mandatarios hayan sido las correctas y que por el bien del país en unos años no nos lamentemos, sino que por el contrario podamos gozar de los beneficios que nos ofrece el TLC.




[1] Tomlinson, J., Globalización y cultura. Oxford University Press. México: 2003. pg 3.

[2] Rueda de prensa del ministro Jorge Botero. Colombia cerró negociaciones del TLC con Estados Unidos. Recuperado el día 20 de abril de 2006 en http: //www.presidencia.gov.co/index.htm

[3] Ibid.

[4] Ministro Andrés Felipe Arias. Debate comisión VII del senado de la república. Televisado el día 25 de abril de 2006 en el canal Institucional.


MANEJO DE HERRAMIENTAS DE EDGAR MORIN EN EL EJERCICIO PROFESIONAL

Por: Myriam Yuleidy Giraldo

Existen grandes preocupaciones hoy sobre la educación del futuro, hay un alto índice de conciencia de la importancia que tiene la educación para el desarrollo del país, incluso del mundo entero, influyendo el desarrollo personal de cada persona, el desarrollo sociocultural y económico. Y para lograr una excelente construcción académica, es necesario que las nuevas generaciones estén preparadas con buenas competencias, conocimientos e ideales.

En el siguiente ensayo plantearé las herramientas que brinda Edgar Morin para tener en cuenta en la educación del futuro, haciendo mayor énfasis en el ejercicio profesional de comunicación social – periodismo, demostrando la manera útil de cómo hacer uso de esas alternativas que muestra dicho autor. Para lo anterior me basaré también en autores como kant con su texto ¿Qué es la ilustración? Y Antonio Alanís Huerta con el texto “La Educación del futuro: posibilidades y retos *. Esto con el fin de exponer sus teorías que de cierta manera incumben en el desarrollo profesional de cualquier persona.

Morin en el segundo capitulo del libro “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” ofrece una serie de herramientas donde dice, primero, que debemos pensar todas las cosas desde su contexto, ya que es éste el que le da sentido a las cosas. Yo como Comunicadora Social – Periodista con énfasis en comunicación organizacional, debo seguirme especializando en mi área pero sin dejar a un lado todos aquellos aspectos que de una u otra forma pueden enriquecer mi conocimiento.

La comunicación social integra varias profesiones competentes en el conocimiento de los procesos de comunicación y adquiere la aplicación de un campo profesional específico. Por ejemplo esta carrera abarca periodismo, publicidad, comunicación organizacional, producción audiovisual, radiofónica, editorial, entre otras. La formación en cualquiera de estos campos implica de cierta manera la comprensión global de los procesos de comunicación en relación con los fenómenos socioculturales, y la adquisición de habilidades para utilizar eficiente y constructivamente los respectivos lenguajes y medios de comunicación en la producción y recepción de mensajes. Lo que quiere decir que a pesar de estar especializándonos en una área, también se debe contextualizar en las otras, al fin y al cabo todo se interrelaciona.

El contexto es de vital importancia según lo plantea Morin, para adquirir un mayor sentido a las cosas, y así entenderlas de manera más eficaz dependiendo el contexto en el que nos desenvolvamos.
“El conocimiento de las informaciones o elementos aislados es insuficiente. Hay que ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. Para tener sentido la palabra necesita del texto que es su propio contexto y el texto necesita del contexto donde se enuncia. Por ejemplo, la palabra «amor» cambia de sentido en un contexto religioso y en uno profano; y una declaración de amor no tiene el mismo sentido de verdad si está enunciada por un seductor o por un seducido” .

Por otro lado Morin plantea una segunda herramienta donde propone que es necesario pensar en que todas las cosas son multidimencionales, es decir, que algo no es sólo una cosa, sino que tiene muchos más factores que lo componen. (Es el que nos lleva a pensar el objeto) Un ejemplo claro de lo multidimencional se ve en el hombre, ya que el ser humano tiene una dimensión biológica, mental, pero también tiene una dimensión social. Debemos pensar que el ser humano no es sólo sapiens – sapiens sino que también es un ser no racional. Nuestros actos no obedecen a una postura racional sino a una serie de sentimientos, odios, pasiones, entre otras.

Por lo anterior se considera importante que la educación del futuro como campo de investigación exija incorporar a los estudiantes en procesos de investigación para identificar y comprender la multidimensionalidad de la enseñanza y así podernos desarrollar profesionalmente, permitiendo tener una mente más abierta, captando que hay muchos aspectos que abarcan un algo específico.

Lo multidimensional según Morin:
“Las unidades complejas, como el ser humano o la sociedad, son multidimensionales; el ser humano es a la vez biológico, psíquico, social, afectivo, racional. La sociedad comporta dimensiones históricas, económicas, sociológicas, religiosas... El conocimiento pertinente debe reconocer esta multidimensionalidad e insertar allí sus informaciones: se podría no solamente aislar una parte del todo sino las partes unas de otras; la dimensión económica, por ejemplo, está en inter-retroacciones permanentes con todas las otras dimensiones humanas; es más, la economía conlleva en sí, de manera holográmica: necesidades, deseos, pasiones humanas, que sobrepasan los meros intereses económicos” .

Otra herramienta que expone el autor en su texto “los siete saberes necesarios para la educación del futuro” es lo global, es decir que todas las cosas más allá del contexto inmediato están en lo global, ya que contiene partes diversas ligadas de manera inter – retroactiva u organizacional. Por ejemplo la sociedad es un todo organizador del cual hacemos parte nosotros al igual que el planeta tierra.

La educación del futuro debe ser conciente y ayudar a captar a las próximas generaciones, que nosotros hacemos parte de un todo, que las profesiones universitarias debe abarcar temáticas que permitan ver la interrelación, el contexto y lo global, pues son los tres puntos fundamentales en el cual debemos desenvolvernos en la vida cotidiana.

En la comunicación social – periodismo se ven materias que uno creería que en realidad no sirven para el desarrollo profesional y laboral, pero esto es debido a la falta de información que se tiene frente a esas áreas. Además no se piensa en lo importante que es la contextualización, y la multidimensionalidad en una carrera tan indispensable como es la comunicación social. Gustavo Quesada recalcó el día jueves siete de septiembre del presente año un recital de poesía en la universidad INCA de Bogotá donde además de recitar sus poesías hizo un paréntesis donde dijo: “La formación universitaria se caracteriza por tener formación en humanidades, en artes y cultura, por lo contrario sería formación tecnológica”. Lo que señala que hay materias que son de vital importancia para el desarrollo profesional universitario, que junto con los otros conocimientos se logra un mayor campo de contextualización. Lo anterior no sólo tiene que ver con la Comunicación Social sino con todas las otras profesiones.

Las tres anteriores herramientas (contexto, multidimencional y global) lo llama Morin como pensamiento complejo ya que plantea la heterogeneidad, la interacción, el azar, pues todo objeto del conocimiento, cualquiera que sea, no se puede estudiar en sí mismo, sino en relación con su entorno; precisamente por esto, toda realidad es sistema, por estar en relación con su entorno.

Morin en su mismo texto plantea formas equivocadas de pensamiento como es la reducción y disyunción (pensamiento simple) donde este primero lo que busca es explicar las cosas mostrando un solo elemento; ya sea psíquico, biológico o espiritual, sin caer en cuenta que las cosas hay que verlas desde lo global y entender que existe una interrelación entre los elementos. El segundo, “disyunción” es el que tiende a aislar, a considerar los objetos independientes de su entorno, no ve conexiones, no ve en las especializaciones la relación de unas con otras.

Al pasar del tiempo hemos visto cómo las ciencias se han fraccionado en disciplinas y cómo también las disciplinas se han ínter disciplinado. Estas disciplinas llevan a otra conceptualización que son las profesiones, las profesiones son campos disciplinares e ínter disciplinares que no tienen como objetivo inmediato producir conocimiento nuevo. Lo que se pretende es adiestrarnos de cierta manera para un determinado trabajo que tenga una remuneración. Por ejemplo la Comunicación Social tiene materias que se desprenden de otras ciencias con el fin de crear conocimiento y prepararnos para la vida laboral.

Morin dice que el desarrollo de las disciplinas nos ha llevado a sólo ver un punto de vista, es decir, el bacteriólogo sólo ve bacterias, células etc. Pero considero que en el caso de la Comunicación Social hay una gran ventaja frente a otras carreras universitarias, ya que éste nos lleva a ver diferentes aspectos desde las diferentes disciplinas. Un comunicador debe saber de todo un poco, debe tener la suficiente y amplia competencia en casi todos los dominios del saber: Economía, Matemática, Química, Literatura, Contabilidad, Manualidades, Pintura, Anatomía, Ecología, Antropología, Electrónica, Astronomía, Estadística, Mercadeo y otras ciencias y artes más; sin dejar atrás, por supuesto, el área de especialización.

Los comunicadores abordamos científicamente la comunicación y fundamentamos el quehacer desde el interior de nuestra cultura. Somos profesionales que podemos desempeñarnos en campos específicos y en diversos escenarios - medios de comunicación, organizaciones, comunidades particulares- y que propician la estrecha interrelación entre las acciones de comunicación y los procesos sociales, políticos, económicos y culturales del país.

Antonio Alanís Huerta, por otro lado, plantea tres problemas básicos en el proceso de formación profesional, encontrados en tres planos del conocimiento que son: “el conceptual, el operativo y el actitudinal” . El primero se refiere al dominio de los conceptos básicos de la profesión; el segundo, al dominio de las competencias necesarias para desarrollar las tareas propias de la profesión; y el último se refiere a las capacidades para relacionarse adecuadamente con los demás en el contexto laboral. Estos tres niveles para el autor, raramente se desarrollan de manera equilibrada en las instituciones formadoras de profesionales lo que lleva a que no haya un alto índice de buenos profesionales.

Hoy en día, no sólo en Colombia, sino en muchos países se requieren profesionales calificados que tengan la capacidad de trabajar en equipo, capaces de acceder a la información de manera rápida y efectiva, pero lo más importante es que hayan personas capaces de resolver problemas y dar soluciones, y para esto no sólo se necesita del área profesional sino también el uso de una inteligencia general* que tenga la capacidad de conocer los problemas esenciales. Para todo lo anterior es necesario fusionar todas las herramientas de las que nos habla Morin.

Los comunicadores y muchas carreras más vemos materias como valores, ética etc., creyendo que son rellenos profesionales, pero en realidad no caemos en cuenta de la importancia que tienen estas herramientas para el futuro propio y del país. Pues como dice Antonio Alanís Huerta:

“En la educación del futuro habrá de darse prioridad a la formación para la responsabilidad con base en la ética y en la sensibilidad humana que expulse la tentación de la intolerancia y la exclusión. Pues una educación responsable y ética enseña lo fundamental a nivel de los conceptos; lo factible a nivel de las competencias básicas, y lo razonable a nivel de las relaciones contextuales. Por lo que una educación en estos tres niveles es el fundamento de una formación científica, humanista y dinámica. De igual manera, la educación del futuro habrá de desarrollar en el sujeto las capacidades para elegir responsablemente a sus gobernantes; y en el mismo sentido, lo habrá de preparar con la suficiente sabiduría y sensibilidad para resolver sus problemas sin confrontaciones verbales ni físicas. Así, la sincronía entre la capacidad de elección y la de responsabilidad dotará al sujeto con las suficientes bases socioculturales para transitar con éxito en el mundo laboral y en el familiar”

Debemos estar en una constante búsqueda de interpretación, y analizar la interrelación que se dan entre las diferentes ciencias o disciplinas, pues ahí encontraremos la respuesta de muchos jóvenes que aún se preguntan ¿para qué esa materia en una profesión como la mía? Sabemos que las cosas se deben pensar en su contexto, en que las cosas son multidimencionales y que se encuentran en lo global, Tal como lo plantea Morin.

PROYECCIÓN SOCIAL, OTRO OBJETIVO DE NUESTRA FORMACIÓN

Por: Myriam Yuleidy Giraldo

¿Cuál es su proyección social como futuro profesional?: -“buena pregunta…No sé, déme una idea”, responde una estudiante de cuarto semestre de Servicios en Aerolíneas del Politécnico Grancolombiano. Mientras, Alexander Rojas, estudiante de Mercadeo y Publicidad, ante la misma pregunta, decide consultar a unos amigos, quienes “tampoco tienen ni idea…”.

El desinterés por parte de los estudiantes acerca de su aporte para con la sociedad es evidente. De esta manera es difícil esperar soluciones por parte de los futuros profesionales que contribuyan a mejorar los problemas por los que atraviesa el país. ¿Qué es exactamente la proyección social? Más que un concepto o una simple idea, es para el profesional la manifestación de la aplicación práctica del conocimiento adquirido en la universidad, en función eminentemente social por medio del desarrollo individual o colectivo de programas especiales que ayuden a los grupos sociales más necesitados.

Según el informe del 2004 rendido por Naciones Unidas en Bruselas , Colombia bajó del puesto 64 al 73 en el Índice de Desarrollo Humano Mundial (HDR), es decir, se bajó en tres puntos el acceso al conocimiento, los servicios de nutrición y salud fueron más escasos, además, se consideró que el 54 por ciento de la sociedad colombiana ha sido víctima de algún delito. Esto en la vida diaria significa que hay familias alimentándose de papel periódico y aguadepanela, que sólo el cinco por ciento de la población tiene acceso a la educación superior y que en las calles a más de la mitad de los colombianos los han robado, violado o asesinado, por decir algo. Ante este panorama, debemos cuestionarnos: nosotros, estudiantes de pregrado, ¿qué podemos hacer en el futuro para cambiar esta realidad?

El Politécnico Grancolombiano dirige la proyección social de sus egresados, como profesionales éticos, personas integrales y ciudadanos responsables al servicio del bien común; pero esto no es sólo tarea de la universidad, hay que crear conciencia del verdadero papel que se puede realizar por Colombia y dejar de lado los intereses individuales. Debemos preguntarnos si nos enorgullece obtener un título que nos reporte únicamente beneficios personales, como el dinero, el estatus social o la fama, sin considerar que somos parte de un conglomerado social que requiere de nuestro aporte.

Las diferentes Facultades de la universidad se preocupan por formar profesionales con criterios humanísticos, a través de la transmisión de valores y principios necesarios en el ejercicio de la profesión, y esto se ve reflejado no sólo en los egresados que ya están ayudando al país, sino que el ente en sí se hace conciente de esa necesidad, tomando esta meta como su objetivo.

Y si bien es cierto que muchos estudiantes no han comprendido la importancia de la proyección social, también hay otros, como Bibiana Baquero, estudiante de quinto semestre de Comunicación Social-Periodismo, que responde: “Mi proyección como futura comunicadora, es ayudar a las comunidades para que tengan acceso a los medios de comunicación, como es el Internet y otros, para que ellos también puedan proyectarse a futuro…”.

Esta clase de respuestas, si bien son pocas, manifiestan una toma de conciencia por parte del estudiante, quien empieza a asumir compromisos, piensa en participar con la misma comunidad y se proyecta socialmente, pero no podemos dejarlo en proyectos que se desarrollen mañana, en ideas altruistas, pero que tal vez, nunca se lleven a la práctica.

Organicémonos. Presentemos proyectos a nuestra Universidad, que beneficien a la tierra colombiana, estas son experiencias que se verán recompensadas en un mañana no muy lejano, busquemos obras tangibles que sean la piedra angular para grandes empresas, busquemos apoyo en entes gubernamentales y no gubernamentales que tengan el mismo fin.

El cambio debe empezar ahora, por nosotros, estudiantes en formación, jóvenes con ganas de luchar por un país que sea reconocido, no por su violencia ni por su droga, sino por sus acciones palpables en la búsqueda de destruir los múltiples flagelos que atacan nuestra sociedad. ¡El compromiso es ahora, formemos un mejor país!

Los estudiantes como parte del proceso de autoevaluación

Con los cinco sentidos

Por:Miriam Yuleidy Giraldo

En medio del Proceso de Autoevaluación con fines de Acreditación, el estudiante opina acerca de sus expectativas y los beneficios que recibirá como resultado del mismo.

En Colombia, desde la expedición de la Ley 30 de 1992, se trabaja en incrementar los niveles de los programas académicos con el fin de asegurar altos estándares de calidad en la educación superior. Como parte de lo anterior, surge el llamado Proceso de Autoevaluación con fines de Acreditación, por el cual atraviesa actualmente el Politécnico Grancolombiano. Por esto, y porque el estudiante al fin de cuentas es el principal beneficiado, nos hemos dado a la tarea de preguntarles acerca de sus expectativas sobre este paso y sobre lo que esto conllevará en su futuro inmediato y su vida profesional.
Inicialmente, algunos estudiantes ven en el proceso garantías para el acceso a nuevos ámbitos académicos y laborales. Por ejemplo, María Catalina Martínez, estudiante de VIII semestre de Medios Audiovisuales con énfasis en Diseño Gráfico, dice: “El proceso será una garantía que me abrirá puertas en el ámbito laboral. Además, creo que me permitirá acceder a instituciones de educación continuada, tanto a nivel nacional como internacional, pues considero que seré más competitiva en estos mercados”.
Por otra parte, Guillermo Pastrana, estudiante de Administración de Empresas, sostiene: “en cuanto a las herramientas tecnológicas, creo que habrá mayor disponibilidad de ellas para nosotros en general. Todo esto nos otorgará una marca que nos diferencie del resto de Instituciones de Educación Superior. Además, espero que el proceso traiga mejoras en la infraestructura física, como en las salas de sistemas o en la biblioteca”.
Asimismo, Catalina Mateus, estudiante de VI semestre de Comunicación Social-Periodismo, resalta la ampliación en los servicios de cafetería. La inversión en comodidad que hace la Institución para con sus alumnos, se entiende como inversión en bienestar, espacios armónicos, un campus mejor dotado y una mejor calidad de vida para la comunidad universitaria.
El estudiante de Ingeniería de Sistemas, Daniel Márquez, espera que se mejore el nivel académico de todos los estudiantes. Lo anterior también como resultado de los nuevos requerimientos hechos por la Institución a los profesores en el escalafón docente, entre ellos: un mayor número de publicaciones, un mayor desarrollo de los procesos investigativos y el incremento en la preparación académica exigida, como doctorados, maestrías y especializaciones.
A pesar de las campañas de difusión acerca del proceso de autoevaluación adelantadas en la Institución, existen algunos estudiantes que aún no se han enterado totalmente de las implicaciones de este trascendental paso; sin embargo, los docentes de las diferentes cátedras realizan charlas y exposiciones acerca del tema para generar conciencia y sentido de pertenencia en “el politécnico” . Sin duda, el asumir este compromiso ayudará al posicionamiento de nuestra Institución dentro del ámbito académico colombiano y latinoamericano.
Para esto, tenemos participación activa, necesitamos de los cinco sentidos muy despiertos y atentos para poder intervenir en los comités de currículo, en los comités académicos de la cada Facultad y en los comités administrativos. No debemos ser agentes pasivos que sólo nos limitemos a recibir una cátedra: ¡seamos actores de la vida universitaria! Estos espacios que se abren debemos aprovecharlos para lograr el mejoramiento de nuestras vidas y de nuestra propia universidad, sólo así seremos profesionales exitosos en un mundo cada vez más competitivo.